"Para mi, lo único que tiene sentido en la vida es distraer a la gente"
Woody Allen
En la vida solo tiene sentido distraer a la gente"
En el bar, algunos que daban un pequeño descanso a la conversación general, vieron en algunas de las esquinas iluminadas del techo un balón volar sin saber muy bien a donde iba. Allí, mirada alta, también comprobaron que un super atleta, en el cielo madrileño le dio una orden, sin saber muy bien si sería atendida, confiando también en la casualidad. A continuación observaron con creciente interés, como el niño bueno dio espacio a su picardia, tan necesariamente aprendida, y como este corrio a apropiarse aquel balón aparentemente inofensivo, con el aura del que se siente elegido, con el pelo colocado como si llevara uniforme y bártulos colegiales. La gente del bar, incluso los asomados a sus ventanas, olvidados ya casi todos de sus dialécticas absurdas, comprobó que la falta de estilo del niño bueno puede dar espacio al utilitarismo feo pero efectivo.
Alguno soñó con perder la razón, la comprobación en práctica de sus opiniones, cuando vio volar en estirada a la ahora excusa para sus alivios cotidianos. Y al mismo tiempo que aquellos abrazaban una razón que ya no querían, el bar se silencio.
No es mas que futbol, un balón perseguido como boya que te sujeta a la vida. Y el silencio, como los gritos, provocados por igual al traspasar el balón la linea, simbolo de que estamos vivos, para lo bueno y para lo malo.
Woody Allen se jacta de hacernos reir, y con razón. La vida pasa y el nos la llena y se la llena. Pero lo hace tambíén provocando silencios compartidos en la oscuridad, interrumpidos por gritos en forma de risa.
Silencios y gritos. Los provocan historias que se cuentan, asilvestradamente vivas o domesticadamente estudiadas. Quizá ahí este la respuesta, la negación implícita de las grandes cuestiones de la vida, en abrazar las cosas que te hacen pasar el tiempo entretenido.
Una boya, historia de Hilo Moreno

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