domingo, 29 de diciembre de 2013

VERDADES PUERILES

El día antes tu madre te había echado la bronca por llegar con el jersey lleno de tierra y restos de hojas de plátanos, el árbol que abunda por Madrid. Por eso, en la calentura ajetreada de la salida al patio del colegio del día siguiente, risas, llantos, sudor infantil y energía, te sumergías un instante en la frialdad disimulada para camuflar tu mochila, que contenía el preciado jersey, en un rincón poco accesible. Daba igual cuando de lo que se trata es de encontrar una portería. Sirve el palo de una canasta y solamente un contenedor textil de nuestras supuestas responsabilidades. La cuestión de la pelota era también fácil a pesar de la prohibición de usar balones de reglamento en el Liceo Italiano. Cualquiera tenía una pelota de tenis. La verdad es que todo era fácil a esas edades, por esos lares.
El arbitraje (siempre el arbitraje) se hacía, en contra, farragoso. Las faltas ¡Fuera del area!, los penaltis, los fuera de banda ¡Ha salido! Los largueros eran un problema. Desataba nuestras pasiones. Existía el juego duro, incluso las peleas. Pero al fin y al cabo siempre conseguíamos autoarbitrarnos de alguna manera.
En lo que nunca disentíamos, a pesar de los jetas, era si sobre la pelota había pasado por delante o por detrás del palo de la canasta. Incluso los listillos claudicaban finalmente con una media sonrisa picarona.
Sin embargo, en octubre de este año, en Alemania, en un estadio cerrado y ante miles de personas, sucedió un hecho insólito e inquietante que negó, sorprendentemente, estas pequeñas verdades pueriles.


El balón después de un cabezazo tras un corner se fue claramente por detrás de un palo vertical perfectamente visible. Después la casualidad hizo que se colara dentro de la portería por un nudo mal hecho. Hasta ahí todo aceptable, errores permitidos e incluso con un toque de humor. Lo que ya no tuvo tanta gracia fue que el arbitro concediera el gol para el Bayer Leverkusen modificando el resultado final ¡Estamos hablando de la liga alemana!
Las lecturas sobre este hecho son tenebrosas. No solo hablan de la incompetencia arbitral, ya no solo personalizada en los trencillas, sino en los despachos de árbitros "puretas" que crean el caldo de cultivo para que estas cosas ocurran y nadie, entre miles de personas (¡Ojo! Que lo han visto in situ) tenga la suficiente cabeza y poder para subsanarlo.
También inquietan sobre hasta que punto se puede llevar la picaresca: los jugadores del Bayer celebraron gol cuando el arbitro pitó, ni cortos ni perezosos, cuando todos habían visto lo que había ocurrido. Prefirieron ganar a toda costa.
Y existe otro hecho terrible que no logro entender. Puede que a una persona entre mil le engañe la vista, puede que cien entre mil tengan dudas, pero esta claro que al cabo de uno o dos minutos de que ocurra un hecho así, con una batería de cámaras que escupen la repetición al momento a través de televisores, móviles o tabletas y miles de personas viéndolo in situ, el hecho no ofrece dudas. El balón no entra. No es gol. Es decir que el arbitro, en un espacio de uno o dos minutos tenía el conocimiento suficiente para anular el gol y hacer justicia. ¿Que terribles fuerzas hacen que no se retracte? ¿Orgullo arbitral? ¿Pereza arbitral? ¿Temor arbitral? ¿Incompetencia arbitral? En cualquier caso esto es un misterio arbitral.

                                            

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